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Publicado en La Línea de Fuego el 26/05/2015 y en Rebelión el 28/05/2015

Edgar Isch durante la entrevista. / MIRIAM GARTOR

Edgar Isch durante la entrevista. / MIRIAM GARTOR

Quito (Ecuador) // El pasado domingo 24 de mayo, Rafael Correa, cumplió la mitad del mandato de su tercer periodo al frente de la presidencia del Ecuador. Aprovechando esta efemérides, conversamos con el académico y ex ministro del Ambiente, Edgar Isch L. que nos hizo una valoración sobre estos dos últimos años y una reflexión acerca del escenario que está por llegar de cara a las elecciones presidenciales de 2017.

Se cumple la mitad del mandato de este tercer período de Rafael Correa, ¿cuál es su valoración general?

Al gobierno de Rafael Correa hay que entenderlo en dos grandes períodos. El primero, en el cual tuvo relaciones con la izquierda y las organizaciones populares, que abarca hasta poco después de la Asamblea Constituyente, y otro período de derechización continua que avanza hasta nuestros días. Derechización que significa una mayor continuidad con determinadas políticas neoliberales. Pero no es solo continuación de esas prácticas, sino que es además el reforzamiento de una tendencia de modernización del capitalismo, que usa vías distintas a las neoliberales, pero que sin embargo lo que hace es fundamentar un sistema de desigualdad social, para el cual poco a poco se están construyendo condiciones de una suerte de estado de emergencia permanente.

En este contexto, la posibilidad de que la población se manifieste y exprese sus puntos de vista o que haya una organización realmente independiente de trabajadores y de los sectores sociales, se va viendo coartada por las políticas estatales. De tal manera que esa modernización capitalista que, si bien tiene cierta imagen positiva en términos de obras y realizaciones de infraestructura, al mismo tiempo te genera condiciones de una mayor explotación social y de una menor democracia real.

Y en lo que llevamos de este último periodo, ¿ve diferencias con los anteriores mandatos?

Creo que se ha profundizado el autoritarismo. Autoritarismo dentro de sus propias filas, como por ejemplo que en un determinado momento se discuta el tema del aborto en la Asamblea Nacional, y que al grupo de asambleístas de Alianza País con otro punto de vista se los declare abiertamente como traidores porque piensan distinto al Presidente. Y además se concluya con la sanción a tres asambleístas pero exclusivamente mujeres, no al conjunto.

A esto hay que sumarle expresiones de derechización dentro de una moralina atrasada, como en las declaraciones de Alexis Mera de que el gobierno tiene que controlar la sexualidad de las mujeres, y con elementos de profundización de los casos de juicios a los luchadores populares y su persecución. Además está la permanente denostación pública los sábados con una libertad absoluta del presidente para insultar o para decir lo que a él le place sobre cualquier ciudadano sin conocer ni reconocer sus derechos.

Edgar Isch. / M.G.

Edgar Isch. / M.G.

Una diferencia de estos dos años realmente importante es que se está generando cada vez un mayor nivel de insatisfacción que se está expresando en la calle. No solo por el hecho de que en ciertas movilizaciones sociales han estado miles y miles de pobladores, sino que además tiene dos tónicas que creo que son altamente resaltables. La primera es que esas acciones son convocadas por la clase obrera, los campesinos y sus organizaciones, lo cual pone a los sectores laborales y oprimidos en un primer lugar en esta batalla por recuperar elementos de democracia y por evitar la superexplotación.

Lo segundo es que con ello están demostrando que en la sociedad ecuatoriana, si bien hay una oposición de derecha clásica frente a un gobierno de derecha modernizadora, existe también una oposición desde la izquierda o una oposición claramente popular que no coincide con ninguna de las dos. Esta plantea las posibilidades de un camino de autonomía social popular que pueden abrir la vía para un ejercicio de búsqueda y construcción del Sumak Kawsay en el Ecuador. De tal manera que el Buen Vivir no quede como un elemento de propaganda gubernamental, sino que sea un elemento de debate, de concienciación permanente y de acción social para dar paso a una nueva sociedad.

En las elecciones seccionales del 23 de febrero de 2014 el oficialismo sufrió un revés, ¿cree que aprendió la lección?

Creo que el gobierno no la aprendió y que rápidamente buscó cabezas de turco. Por ejemplo, cuando uno lee el texto escrito con ocasión de la última semana santa de este año por el presidente de la República, es inevitable pensar que de algún modo él establece un parangón entre lo que pasó con Cristo y su propia historia personal. Y una de las cosas que dice es que los mismos que le recibieron con loas un domingo, el viernes siguiente estaban pidiendo crucificarle. Creo que esto es también una especie de curarse en sano, es decir, de prepararse a la posibilidad de una próxima derrota y en lugar de aceptarla, victimizarse y ponerse como el mártir de un proceso que ha sido traicionado por una mayoría que vota por una opción diferente.

De hecho, uno va viendo que no aprendieron la lección cuando en las reformas constitucionales planteadas como enmiendas, pero que yo creo que efectivamente cambian el carácter del Estado en varios aspectos, se llega a proponer la reelección indefinida que está pensada en una persona con nombre y apellidos. Porque es evidente también que del lado gubernamental no tienen otra figura en condiciones de disputar la presidencia en este momento y que no se ha construido liderazgo. Si bien construyen, cooptan y dominan organizaciones sociales, al no tener éstas autonomía ni una voz propia, ni ninguna iniciativa al margen de la presidencia, efectivamente son organizaciones que no generan liderazgos.

Y si hablamos de la gestión económica…

Creo que la bajada de los precios del petróleo demuestra que el extractivismo no puede ser una vía para salir del extractivismo. El extractivismo te condena a vivir en torno a la producción o extracción de un recurso y a someterte, por tanto, a las condiciones de un mercado internacional injusto construido para favorecer a las grandes potencias y al imperialismo, y en el cual los pueblos tienen entonces una condición de perdedores permanentes a pesar de que hayamos vivido un período excepcional de precios extremadamente altos que fue beneficioso para el gobierno. De modo que plantearnos ahora la minería, la extracción del petróleo en las provincias del centro sur de la Amazonía, etc, no implica sino condenarnos a continuar en este camino, y la tesis gubernamental de que con el extractivismo vamos a salir del extractivismo se cae.

Ya en términos del manejo, si bien en macroeconomía alguien puede decirnos con algún nivel de verdad que hay una manejo adecuado, hay que reconocer al mismo tiempo que ha llevado a formas en las cuales se pretende quitar recursos a los pobres para entregárselos a lo ricos. Porque tenemos varios casos. Primero, se dice que las telefónicas están ganando demasiado dinero y entonces se le quita a los trabajadores las utilidades que les correspondían para que el gobierno haga obra, pero las condiciones contractuales con esas telefónicas siguen exactamente igual. Es decir, a los dueños, a las transnacionales, al imperialismo, no se le quita un centavo.

Otra forma es perdonar a los grandes deudores de los impuestos. Dirán que es para todos pero realmente los pobres deben muy poco y generalmente procuran no deber porque no tienen las condiciones de enfrentar procesos judiciales con el Estado. Los que deben mucho son los ricos, los que salen realmente beneficiados con esta medida son ellos.

Y lo último que hay que considerar es que este manejo tiene mucho que ver con los procesos de endeudamiento que cada vez más están desarrollándose a altos niveles. Procesos de endeudamiento por mecanismos clásicos, por el mecanismo de vender de manera anticipada recursos como el petróleo o por otras vías como la venta de bonos que había sido rechazada y atacada por el gobierno. Si uno suma endeudamiento más la firma de TLC con la Unión Europea, implica en realidad el reforzamiento de las cadenas de dominación internacional a las cuales está sometido el Ecuador.

¿Cree que la decisión de la explotación del Yasuní-ITT en agosto de 2013 fue un punto de inflexión a partir del cual comenzó a aumentar el descontento de la ciudadanía con el gobierno?

Creo que fue uno de los primeros grandes enfrentamientos por varias razones. Primero, es una de las primeras acciones gubernamentales que visibiliza, para la mayoría de la población ecuatoriana, una grave contradicción entre lo que el propio gobierno había dicho y lo que estaba haciendo. Segundo, porque estaba traicionando algo de lo que la juventud de manera especial se había adueñado, se había apropiado y quería impulsar. Y tercero, por lo que ocurrió después, la formación de una estructura abierta llamada Yasunidos que involucró a gente de posiciones ideológicas muy diversas, y que tras un esfuerzo enorme, visible para toda la ciudadanía, alcanzó una cantidad gigantesca de firmas para demandar una consulta que se vio negada por maniobras evidentes del Consejo Nacional Electoral. Esta negativa a la consulta popular, cuando el propio gobierno había dicho que este es el mecanismo de democracia directa más importante con el que contábamos, involucra sin duda otra contradicción visible y descarada.

Edgar Isch. / M.G.

Edgar Isch. / M.G.

Lo interesante es que el tema del Yasuní se vincula con otros. Porque por un lado, el gobierno dice que va a sacar el petróleo del Yasuní, pero por otro lado, dice que va a defender el Parque Nacional. Por un lado, dice que va defender a los pueblos indígenas no contactados, pero por otro, cambian los mapas para decir que ya no se los observa donde sí se los habían observado antes. Y se lanza una gran campaña sobre el tema Chevron que devela aún más esa contradicción. Este y otros procesos en que las contradicciones se han develado yo creo que tienen que ver profundamente con el hecho de que caiga la credibilidad del presidente de manera particular. Que la gente deje de tener confianza en su palabra y que, por tanto, comience a examinar qué es realmente lo que está tras sus discursos y comience a ver la realidad con mayor certeza.

¿Qué opina de las reformas constitucionales?

Hay reformas que pueden ser tremendamente graves de las cuales no se está discutiendo. Para mí una de las más serias es aquella de poder sacar a los militares a la calle sin que se declare estado de emergencia, sin posibilidades de control desde el organismo legislativo, sin posibilidades de vigilancia ciudadana. Esto implica prácticamente poner a la sociedad en un estado de emergencia permanente, lo cual involucra dos cosas. La primera es una mayor limitación a la acción pública abierta, a la movilización social. La segunda es el inicio de una guerra contra el narcotráfico que el único resultado factible es el que tiene hoy lamentablemente México, con miles de muertos y desaparecidos.

¿Cuál cree que será el escenario de aquí a las elecciones presidenciales de 2017?

Yo pienso en los retos de las organizaciones sociales. Creo que es fundamental fortalecer su autonomía frente a cualquier poder, tanto del poder político central como de los poderes económicos y comunicacionales. Ese fortalecimiento de la autonomía tiene que estar integrado a procesos de unidad que abarquen a las bases sociales, pero que nos den un programa de acción, de demandas e incluso de gobierno, que sea construido desde claras posiciones de izquierda, plurinacionales y populares. Si eso se logra construir en el marco de estos dos años que seguramente van a ser de agudizamiento de las contradicciones sociales, pero al mismo tiempo de preparación de un proceso electoral, es evidente que estaremos sembrando un camino realmente importante para el futuro en términos de lo que las organizaciones sociales, populares y la izquierda pueden construir.

El riesgo que hay que evitar es que nos veamos en el proceso electoral confrontados en decidir entre una derecha clásica representada por un banquero y una derecha moderna representada por un economista. No es lo ideal ir a disputarnos cuál es el menos malo. Lo importante es tener alternativas propias en términos de políticas, de normas, de organización, y seguramente en su momento alternativas propias válidas en términos electorales. Por tanto, son dos años muy importantes para el futuro del país en los cuales, si la tendencia es el reforzamiento de la capacidad de movilización de los sectores populares, pueden determinar un rumbo distinto para el futuro del Ecuador.

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