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Publicado en Rebelión el 18/03/2014 y en Hemisferio Zero el 27/03/2014

Texto: Orlan Cazorla / Infografía: Miriam Gartor

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Michelle Bachelet

Cuatro años después Michelle Bachelet vuelve a ocupar la presidencia de Chile con la promesa de realizar reformas estructurales que han generado grandes expectativas en el país. Con una coalición mayor que la del anterior periodo, Bachelet ganó las elecciones en segunda vuelta el pasado 15 de diciembre con el 62% de los votos, aunque con una alta abstención que alcanzó el 58%.

Entre las nuevas incorporaciones a la Nueva Mayoría, antes Concertación, la principal novedad fue la del Partido Comunista que además dobló su número de diputados llegando a los seis. La coalición de centro izquierda obtuvo una mayoría tanto en la Cámara de Diputados como en el Senado, pero no la suficiente como para poder llevar a cabo todos los cambios prometidos sin tener que pactar con la derecha o los independientes. Otro hecho destacado fue la entrada a la Cámara de Diputados de cuatro ex líderes estudiantiles que podrían tener un papel relevante para sacar adelante algunas reformas como la educativa.

El primer desafío que se le presenta a Bachelet es la gestión de un gobierno que agrupa a fuerzas tan diversas que van desde la Democracia Cristiana hasta el Partido Comunista, que no entraba en un gobierno desde el derrocamiento de Salvador Allende hace 40 años. Por primera vez estos dos partidos, que históricamente han mantenido profundas diferencias, compartirán el mismo Ejecutivo después del nombramiento de la comunista Claudia Pascual como próxima ministra del Servicio Nacional de la Mujer (Sernam).

Esta vez la presidenta electa no respetó la paridad, como sí hizo en su primer mandato, y ha conformado un gabinete de veintitrés ministros donde solo hay nueve mujeres. “Me hubiese gustado la paridad”, manifestó durante la presentación de sus ministros donde dejó constancia de las numerosas tareas que tienen por delante. “Es la hora de trabajar, trabajar  y trabajar”, aseveró.

Renuncian cuatro miembros del gabinete

Los primeros problemas para Bachelet comenzaron con las designaciones de algunos miembros de su gabinete, que han tenido que renunciar antes de asumir su cargo. La subsecretaria de Educación, Claudia Peirano, que apenas duró siete días, fue cuestionada por el movimiento estudiantil por unas declaraciones realizadas en 2011 contra la gratuidad de la educación. La ya ex subsecretaria se desmarcó de estas acusaciones y aseguró que suscribe “plenamente el programa de gobierno”.

A continuación fueron los subsecretarios de Agricultura y de Bienes Nacionales, Hugo Lara y Miguel Moreno respectivamente, quienes renunciaron al ser cuestionados por haber tenido querellas judiciales. El primero por estafa y apropiación indebida, y el segundo por ofensas al pudor, al ser denunciado por una mujer que le acusó de tocarle los glúteos en el metro de Santiago.

La cuarta y última en renunciar ha sido la subsecretaria de las Fuerzas Armadas, Carolina Echeverría, hija de un militar acusado de torturas y violaciones contra presos políticos durante la dictadura militar. La presidenta electa había insistido en no pronunciarse sosteniendo que era la justicia la que tenía que hacerlo. “Uno no debe hacer que los hijos tengan consecuencias de las decisiones de los padres”, aseguró. Echeverría, a través de una carta enviada a la mandataria, comunicaba su renuncia además de reiterar su “respeto y solidaridad con las familias y víctimas de violaciones a los Derechos Humanos”.

Anteriormente, algunas víctimas de la dictadura como la abogada Mercedes Bulnes o la escritora Mónica Echeverría aseguraron haber sufrido en carne propia los abusos del entonces capitán del Ejército y padre de la subsecretaria, y solicitaron la revisión de este nombramiento ya que ella no se había pronunciado públicamente respecto a estos hechos. “Él me de detuvo y también me interrogó. Es un hombre cruel que no sólo torturó sino que también violó”, aseguró la escritora en declaraciones a Radio Cooperativa.

Los tres pilares de la desigualdad

En el documento “50 Compromisos para los primeros 100 días de Gobierno” en el que se presentan las primeras medidas que tomará el nuevo Ejecutivo, la futura mandataria asegura “que el primer objetivo para el proyecto de la Nueva Mayoría sería enfrentar la desigualdad”. En esta misma línea Leonardo Moreno, Director Ejecutivo de la Fundación Superación de la Pobreza, plantea que las promesas de Bachelet se basan en tres pilares de desigualdad en Chile.

El primero tiene que ver con la desigualdad a nivel del poder político y con la promesa de reformar la Constitución. Una situación que se antoja muy compleja porque se necesitan dos tercios del Congreso Nacional y la Nueva Mayoría no tiene el apoyo suficiente, por lo que debería llegar a acuerdos con la derecha. Otra opción para modificar la Carta Magna sería la convocatoria de una Asamblea Constituyente como demanda la iniciativa “Manifiesto Plebiscito para una Nueva Constitución” a la que se han adherido diputados electos como Giorgio Jackson, Vlado Mirosevic o Gabriel Boric.

Moreno opina que es muy difícil porque la Constitución, que salvo pequeñas modificaciones es heredada de la dictadura de Pinochet, es la que amarra finalmente el modelo de desarrollo neoliberal que tiene el país. “Cuando Bachelet asume el compromiso de revisarla y modificarla, de lo que está hablando es de pensar una redistribución del poder político, y los grupos de poder van a complicar esto de una manera importante”.

En uno de los países más desiguales de la región, el siguiente pilar es la desigualdad económica y para ello se plantea una reforma tributaria. Esta reforma, que ya ha sido criticada por el sector privado, en primera instancia solo requiere una mayoría simple aunque dependerá de modificaciones a otras leyes que exija el proyecto. Entre las medidas para llevarla a cabo estaría el compromiso de un incremento gradual del 20 al 25 por ciento al impuesto a las empresas, con el que se pretende generar 8.200 millones de dólares para financiar, entre otras cosas, la reforma de la educación. El mayor handicap en este momento es que la economía chilena se está desacelerando, lo que podría dificultar la aprobación de esta reforma.

El tercer elemento está relacionado con la desigualdad social y uno de los mayores ejemplos es la educación. Bachelet ha manifestado en varias ocasiones que el desafío más grande que tiene es realizar una reforma educacional que permita dar oportunidades a todas las personas. Para llevarla a cabo se necesita una mayoría de cuatro séptimos, algo que es factible con el apoyo de los independientes entre los que se encuentran algunos de los ex líderes estudiantiles electos. Pero el movimiento estudiantil, que exige una educación pública, de calidad, gratuita y sin lucro, ya ha advertido que estará atento a los primeros 100 días de gobierno. Melissa Sepúlveda, presidenta de la Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile (FECh), ha reiterado que existen diferencias profundas con el programa del gobierno aunque no se negarán a dialogar.

Algo que la Fundación Superación de la Pobreza mira con preocupación es que no hay un programa claro respecto a cómo se van realizar estas reformas. “Creo que lo que falta en el documento son medidas más específicas, más concretas, y me parece que hay una cierta ausencia de una participación mayor en la construcción de este proyecto. Esto segundo es un elemento central porque la gente está ávida de participar, de poder opinar, y hay que buscar los caminos para que eso suceda. Adelanto que habrá problemas porque las expectativas son diferentes”, asegura Moreno.

Oportunidad casi única

Si hay algo en lo que la mayoría de la sociedad chilena está de acuerdo es que estas reformas ya no pueden seguir estando fuera de la agenda política y deben ser resueltas inmediatamente. Sin embargo, la gran duda que se plantea es si acabarán ejecutándose ya que, además de la correlación de fuerzas en el Congreso Nacional, existen grandes reticencias de los grupos de poder que podrían oponerse a cambios estructurales. “La oportunidad es casi única porque hoy en día tenemos nuevamente una coalición muy amplia que incluye al Partido Comunista, que capta a sectores populares muy importantes y que permite tener una mayoría en el Congreso. Ante esta oportunidad, si no logramos hacer estos cambios tan importantes que Chile requiere, es porque somos incapaces de hacerlos ya que tenemos las condiciones para que eso suceda”, concluye Moreno.

infografia michelle bachelet

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